Meditación...

Es de interés rescatar este artículo, preparado por el p. Giulio, en el 2003, en pos del Encuentro de Jóvenes Barnabitas... nos ayudará a meditar sobre nuestro compromiso de fe que se hace vida. (p. Rodrigo Nilo)


Los Jóvenes necesitan el encuentro con Dios:


«Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc 10,14-15; Mt 19,; Lc 18, ).
¿Por qué?


La juventud tiene algo que decir sobre Dios y su significación:
«No dejes que te critiquen por ser joven. Trata de ser el modelo de los creyentes por tu manera de hablar, tu conducta, tu caridad, tu fe y tu vida irreprochable. Mientras llego, dedícate a la lectura, a la predicación y a la enseñanza. No descuides el don espiritual que recibiste de manos de profetas cuando el grupo de los presbíteros te impuso las manos» (1Tim 4,12-14).
Joven modelo ¿será posible?
¿Qué dones espirituales tiene un joven de hoy?


La Juventud tiene riesgos, pero también ideales y sabe discriminar:
«Evita los deseos desordenados, propios de la juventud. Busca la rectitud, la fe, el amor, y ten buenas relaciones con aquellos que invocan al Señor con corazón puro. Pero evita las cuestiones tontas e inútiles, pues sabes que originan peleas» (2Tim 2,22-23).
¿Se puede pedir y qué a los jóvenes?
¿Es cierto que se percatan que hay conflictos tontos?
¿Qué virtudes mayormente pueden estimular a los jóvenes?


Los jóvenes tienen un olfato especial:
«Esto les escribo, jóvenes: ustedes han vencido al Maligno. Les he escrito, hijitos, porque ya conocen al Padre ... Les he escrito, jóvenes, porque son fuertes, la Palabra de Dios permanece en ustedes y ya han vencido al Maligno» (1Jn 2,12.14).
¿Hay como un conocimiento sencillo de Dios por parte de los jóvenes?
¿Tienen alergia al mal los jóvenes?
¿Qué tal si leemos con atención los versículos aquí cerca?
Qué visión del mundo presente y del mundo posible nos presenta?
¿No podría ser una pista de opción y de acción?


Los jóvenes hay que cuidarlos, en el sentido de estimularlos, esperar algo o mucho de ellos. Sin duda la entrega pedagógica de los Barnabitas puede tener su fuente en esa invitación del Fundador, San Antonio M. Zaccaria: «teme no tener buen cuidado de todos los hombres en lo que puedas con ejemplos, amonestaciones o hechos, porque: "Unicuique mandavit Deus de proximo suo" -a cada uno (Dios) le dio órdenes respecto a su prójimo- (Eclo 17,14), especialmente de los que te son encargados, y especialmente de los jóvenes» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, p. 83; tr. esp. Los Sermones, Provincia chilena 1983, p. 53.].
¿Sienten suficiente cuidado por parte de los adultos?
¿Con qué ejemplos, amonestaciones o hechos pueden ustedes cuidar a sus compañeros o mutuamente cuidarse?
¿Te acomoda o te incomoda que los adultos se desvelen por ti?
Podrían describir una correcta relación adulto-joven?


No poner límite al propio crecimiento. No por estúpido orgullo, sino porque hay que devolver a Dios oportunamente desarrolladas las capacidades que nos entregó.
«No vayan a pensar los dos que el cariño que les tengo y los dones y buenas disposiciones que veo en ustedes, puedan permitirme que yo me conforme con una santidad común y corriente. Deseo y quiero -y los dos son bien capaces- que lleguen a ser grandes santos, con tal que tomen la firme determinación de devolverle más bellos los dones y multiplicados los talentos al Crucifijo, del cual los han recibido.
Llevado por la ternura y afecto que les tengo, me veo obligado a suplicarles que tengan a bien complacerme en esto; porque yo conozco la cumbre de la perfección a la que los tiene destinado el Crucifijo, conozco la abundancia de las gracias que les ha otorgado, los frutos que quiere obtener y el grado a que quiere llevarlos» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, p. 39; tr. esp. Las Cartas, Provincia chilena 1984, pp. 49-50.].
¿Será correcto que el santo -y los Barnabitas tras él- nos propongan ideales muy altos?
¿Cómo reconocer los «talentos» que tiene cada cual?
¿Qué es un talento?
¿Qué es un «gran santo»?
Puede indicar algún santo de nuestros días y trazar su identidad.


San Antonio María tiene mucho temor y casi alergia al «basta», al hasta aquí no más, a la mediocridad. Quien vive en un ambiente que se mueve según su espiritualidad debe hacerse cargo de esta realidad: nos quiere siempre en tensión hacia algo más.
«no juzgando necesario lo que lo es, se lo tiran a la espalda y descuidan observarlo, y progresivamente se entibian y dicen: “¡Basta! Con tal de salvarme y guardar los mandamientos, con tal de salvar mi alma, basta: ¡No me interesa ser tan santo!” .
¡Pobres! No se dan cuenta de cuanto peligro corren, al no observar los consejos, de no guardar tampoco los mandamientos. Observa la experiencia. Los que comulgan y se confiesan una vez al año y dicen: "¿Para qué confesarse tanto? ¡A mí me basta confesarme una vez al año!", obsérvalos: los verás caer en blasfemias y otros pecados mortales. Los que comulgan con frecuencia no corren este peligro, pues no caen tan a menudo y se levantan más prontamente» .
«Es, por cierto, deshonra grande para servidores de Dios decir: "Me basta honrar a Dios hasta aquí"» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, p. 131; tr. esp. Constituciones, Provincia chilena 1984, p. 32.].
¿Cómo evitar la tentación de la mediocridad?
¿Será visible en nuestras actividades la invitación a no quedarse en lo mínimo?


Evitar la sobradez de quien estima que puede bastarse a sí mismo. Es una tentación frecuente y no lleva a ninguna parte. No se sabe de quien pueda ser maestro a sí mismo. Todos pueden enseñarnos y a todos podemos enseñar; de todos podemos aprender y podemos hacer que aprendan. «la soberbia les hace creer valerse por sí solos y por sí solos saber y poderse regir»"» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, p. 127; tr. esp. Constituciones, Provincia chilena 1984, p. 29.].


Evitar la dilación infinita de las cosas. Más bien decidirse. Expresa el santo extensamente lo peligrosa que es la indecisión y cómo es oportuno ya tomar un camino: «¡Qué gran desdicha es la nuestra! ¿Por qué admitir en la práctica del bien esa misma inestabilidad e indecisión, que deberíamos tener y usar exclusivamente en huir del mal? Muchas veces me causa gran admiración el ver que en mí sigue reinando una tan fuerte irresolución, desde hace varios años. Cierto es que si hubiese seriamente meditado sobre los males que trae el estado de irresolución, tiempo ha que habría desarraigado esta mala hierba en mi alma.
He aquí sus efectos: Ante todo impide al hombre de hacer progresos, ya que, colocado como entre dos cebos o imanes, no es atraído por ninguno de los dos; o sea, no hace el bien presente porque mira el venidero, y no hace tampoco el bien venidero porque se siente atraído por el presente, perdiendo de vista el bien futuro. ¿Saben ustedes a quién se asemeja este hombre? A uno que quiere dos cosas contrarias. Ahora bien, el que persigue dos liebres -dice el refrán- ve una huir y la segunda ir a escape. En tanto el hombre es indeciso y dudoso, jamás sabrá hacer algo bueno; lo demuestra la experiencia, sin necesidad de aportar otras pruebas.
En segundo lugar, la irresolución o falta de resolución hace al hombre voluble como la Luna. En tercer lugar, el hombre indeciso está siempre inquieto e inseguro, y nunca se siente contento, ni siquiera cuando todo marcha a las mil maravillas, en efecto, por una nonada es presa de la tristeza o del enfado, y lo único que ansía son los consuelos.
¿La causa de todo esto? Para ser sincero, diré que esta mala hierba nace de la falta de luz sobrenatural en nosotros. En efecto, el Espíritu Santo va derecho al fondo de las cosas, y jamás se detiene en la superficie. El hombre en cambio, por no ver el fondo de las cosas, no sabe cómo resolverse.
Yo digo que esta irresolución es, a la vez, causa y efecto de la tibieza, en cuanto el hombre tibio, al tener que deliberar sobre algo, ve razones a montones, pero no sabe decidir cuáles son las buenas y cuáles no; y por ende, queda como en suspenso, no decidiéndose nunca qué tomar o qué dejar.
Resultado: si antes dudaba por corto trecho, ahora dudará por uno larguísimo. Así, pues, el hombre falto de decisión cae fatalmente en la tibieza y en el relajamiento. Si alguien quisiera enumerar las causas y los malos efectos de la irresolución, no acabaría en todo un año. Aunque en un hombre no hubiese más que el mal de la irresolución de que hablo, sería ya demasiado; porque mientras duda, ese hombre queda inactivo» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, pp. 9-10; tr. esp. Las Cartas, Provincia chilena 1984, pp. 8-9.].
La indecisión es no sólo falta de confianza en sí mismo, sino falta de fe.
Un joven barnabita será decidido; no imprudente o alocado, pero firme.
¿Cómo conseguir esa capacidad de decisión acertada?


Quien no crece, lo cierto es que no se queda, sino que retrocede. «no avanzar es retroceder», «el hombre en la vida espiritual: o crece en la virtud, o -al no crecer- se estanca en el vicio, y así se alejó de la virtud y volvió atrás » [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, p. 129.97; tr. esp. Constituciones, Provincia chilena 1984, p. 31; Los Sermones, Provincia chilena 1983, p. 74.].
¿Estamos convencidos que la mejor manera de evitar el vicio es crecer en la virtud?
¿Cómo cautelar que seamos capaces de plantearnos siempre nuevas metas?


El prójimo es una preocupación constante de quien se alberga bajo la espiritualidad barnabita. Es hacer verdad eso de los mandamientos más importantes: Dios bien acogido, el prójimo oportunamente apreciado y amado. El santo insiste muchísimo y –además- es un tema de siempre en el crecimiento y un aspecto fundamental del mensaje cristiano. Si no son los jóvenes que ayuden a hacer de nuestra sociedad algo más vivible, ¿quién será?
«echemos a correr como locos no sólo hacia Dios, sino también hacia el prójimo, el cual nos ofrece el medio de dar a Dios lo que no podemos darle directamente, no teniendo Él necesidad de nuestros bienes»; «olvidándose totalmente de sí misma, no quiera más que servir a los prójimos; a lo cual pospondrá su propio interés, convencida de que obtendría una buena ganancia si, en lugar de preocuparse de sí misma, se preocupa exclusivamente del provecho ajeno ... Una cosa no deben olvidar, y es que nuestros beatos Padres (S. Pablo y Fray Bautista de Crema) nos han mostrado un amor tan grande y noble por el Crucifijo, tal generosidad en los padecimientos y abnegación de sí mismos, tal deseo e interés por la conquista de las almas y por la perfección consumada de los prójimos, que si no tenemos nosotros los mismos deseos ilimitados por estas cosas, no tendremos derecho a ser llamados sus Hijos e Hijas, sino más bien, unos engendros ilegítimos y bastardos» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, pp. 11-12.21; tr. esp. Las Cartas, Provincia chilena 1984, p. 11.24-25].
Al prójimo no hay que ofenderlo ni entristecerlo: «Arranca, arranca la ofensa del prójimo, no lo entristezcas ... gasta tu tiempo en ayudar el prójimo » [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, pp. 54.55; tr. esp. Los Sermones, Provincia chilena 1983, pp. 17.18.].
El amor al prójimo es la mejor manera de manifestar el amor que se tiene a Dios (cf. 1Jn 4,20): «Puedes comprender, Amadísimo, la necesidad del amor a Dios; y si eres inteligente (como eres) , desearás conocer cómo adquirir esta caridad y averiguar si la tienes. Una misma cosa la hace adquirir, aumentar y crecer; y además la muestra, si está. ¿Sabes cuál es? Es la caridad, el amor al prójimo» ... «si esto no te parece suficiente para convencerte que el amor del prójimo provoca y manifiesta el amor a Dios, a lo menos te convenza esto: Dios para ello se hizo hombre; y que Cristo haya dicho: "Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros" (Jn 15,12), "En esto conocerán que son mis discípulos: si se aman unos a otros" (Jn 13,35). Y en la rendición de cuentas del juicio final dirá: "Apártense, malditos, porque tuve hambre, etc."; y al decir ellos: "Domine, ubi te vidimus esurientem etc." -Señor, ¿dónde te vimos hambriento, etc.?-, responderá: "Quod uni ex minimis meis non fecistis, mihi non fecistis" -Lo que dejaron de hacer con uno de estos hermanos míos pequeños, conmigo dejaron de hacerlo- (Mt 25,45).
Y tan necesario es este amor, que Pablo deseaba ser anatema por sus hermanos (Rm 9,3). Y a través de toda la Escritura, Amadísimo, averiguas que Dios pone al prójimo como medio para alcanzar su Majestad.
¿Quieres, pues, ascender a la perfección? ¿Quieres adquirir algo de espiritualidad? ¿Quieres amar a Dios y ser su querido y buen hijo? Ama al prójimo, oriéntate hacia el prójimo, dispón tu ánimo para hacer el bien al prójimo y no ofenderlo». En fin: « el medio del amor a Dios es el amor al prójimo» [ZACCARIA, Antonio, Lettere Sermoni Costituzioni, Roma 1996, pp. 77.79.83; tr. esp. Los Sermones, Provincia chilena 1983, p. 46.48-49.54.].


¿Cuánto nos importa el prójimo?
Puestos a escoger entre el capricho propio y el socorro que podemos dar, ¿cómo nos decidimos?
Armemos una forma de vida que tenga al prójimo como eje.

R.p. Giulio Pireddu Pes.

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