1995, es una fecha para varios llena de significación y, de paso, de cambios profundos en mentalidad, memoria y sobretodo en el cómo nuestra visión de mundo cambiaría de golpe. Algunos estábamos en lo mejor de la pubertad, otros terminando el ciclo escolar dejando huella no solo con un buen Aniversario (todos los aniversarios del Colegio son buenos, porque son nuestros y son reflejo del estado de ánimo de cada uno de nosotros), Humberto se ordenaba diácono (ahora está en Rancagua, en una experiencia de extra claustra, a la cual le auguro todo el bien del mundo), pero con la muerte de Colombo, el esquema de mundo que teníamos cada uno de nosotros, se resquebraja… claro, nunca nos tocó vivir un funeral en el Colegio de alguien – y no cualquiera – del Colegio justo en Diciembre, fecha en la cual o estamos mirando las vacaciones como el campamento de verano al que iremos, o como las opciones de educación superior que se venían post PAA, o incluso como la libertad de no andar con el uniforme todo el día o sentir el jodido reclamo del ‘corte de pelo’ – al modo tradicional – que de vez en cuando escuchabas como cantilena so pena de una suspensión y/o llamada de tu apoderado.
Sí, Colombo murió… hace veinte años atrás y la sensación de vacío para muchos golpea desde lo más profundo en la memoria y la identidad salvadoreña y barnabita de aquella época (incluso a la actual).
Han pasado 20 años, y mucho agua ha escurrido en el río del tiempo, Lete – el río que los griegos reconocían el olvido – no escurre vigoroso, al menos aparentemente. Mucho ha ocurrido, quiebres, pausas, partidas definitivas que de una u otra forma resienten de la falta de Colombo. Si estuviera vivo, tendría la veneranda edad de 93 años, siendo el Decano de los Barnabitas en Chile (su compañero de aventuras, p. Baderna ostenta hoy ese honor entre los religiosos de la provincia y manteniendo la idea de que p. Penati no estuviese ya con nosotros, esto sin ser cruel o nada por el estilo… solo consciente de que todos nosotros, a su tiempo, asegurábamos que Penati se iría antes que el mismo Colombo). Hoy nos preguntamos qué haría o cómo estaría Colombo en casa, junto a los alumnos y a los que como alumnos de un tiempo pasamos a formar parte de la misma familia que lo recibió en la recordada Monza, pero seguramente la pregunta más importante sería: ¿Cómo continuar?. Pregunta compleja, pero que su respuesta se traduce en dos expresiones latinas, síntesis del Barnabita de todos los tiempos: Scientia et Humilitas – Actio et Contemplatio (Ciencia y Humildad – Acción y Contemplación).
Creo capital el binomio anterior que las dos locuciones latinas presentan, porque es parte de nuestra herencia y nuestra riqueza a la cual no necesariamente el vínculo de un voto te liga. Los salvadoreños, en este caso, aprendimos de Colombo esta realidad, desde el mundo scout, desde la sala de clases, desde la crítica social con fundamento en pos de una promoción de la persona, no simplemente un asistencialismo de medio pelo que no lleva a nada como también, la pretensión de una verdad que no poseo, y que por causa de esa mezquindad promueve la desigualdad y el atropello del hombre.
¿Cómo continuar? Es la pregunta que sigue en el tintero, porque nuestro personaje central no está y frente a la muerte no podemos hacer nada. No podemos jugar a ‘cómo sería el mundo sí…’ porque chocaríamos con un anacronismo. Solo queda desde el borrador de su vida – y de la nuestra – sacar las mejores enseñanzas para que en donde estemos y en el estilo de vida que vivamos, reflejemos esa animosidad de espíritu que nos dejaba al momento de cantar La fuerza escondida. Todo el resto, es mera especulación.
R.p. Rodrigo Nilo Palominos, barnabita. Ex Capellán y Colaborador del Grupo Scout San Jorge
Milano, 6.12.2015.-
10 de diciembre de 1995
Reviewed by .
on
4:44:00 p.m.
Rating:
Reviewed by .
on
4:44:00 p.m.
Rating:

No hay comentarios.: